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Jorge Aguirre Charvet

¿Qué nos está ocurriendo a los ecuatorianos?

Un pensador de algún rumbo sostiene que el aleteo de una mariposa en un bosque cualquiera produce un huracán al otro lado del mundo, en las antípodas. Esta afirmación, cierta o falsa, es lo que se conoce como la "teoría del caos" o el "efecto de la mariposa", nombre con el cual la industria del cine distribuye actualmente una inquietante película sicológica.
En otras palabras, no hay efecto sin causa, sino que todo tiene su origen primigenio, y entonces, por qué causa estamos los ecuatorianos como estamos, cual es la "razón, motivo, circunstancia" que nos ha conducido al estado en que nos encontramos. Todos los días algo se destapa, algo se descubre, una nueva vergüenza nos sonroja a todos.
Nuestros hijos no cesan de preguntarnos por qué la corrupción campea y la inmoralidad parece ser la norma imperante. Los gobernantes se llenan la boca ofreciendo "el oro y el moro", pero cuando les toca gobernar lo menos que hacen es cumplir sus ofertas y hacen gala de un descaro y desvergüenza olímpicos.
Sin ir muy lejos, el sector social de los jubilados ha reclamado por siempre que se respeten sus derechos a tener una vejez digna, recibiendo un monto justo de pensiones que les permitan vivir sus últimos días como seres humanos que son. No tuvieron otra opción de adoptar medidas de hecho, que dejaron, por lo menos, una quincena de muertos, para que los poderes públicos tomen cartas en el asunto y empiecen a adoptar medidas para atenderlos.
Los pescadores reclaman porque una potencia extranjera ha lesionado sus intereses hundiendo naves en aguas ecuatorianas y, la única respuesta, es la clásica leguleyada según la cual la supuesta acción armada ocurrió en aguas internacionales por lo que no cabe protestas. ¿Cómo probar semejante aserto? Muy pronto los agresores, seguramente, mostraran tomas de satélite -ciertas o falsas- según las cuales los artesanales barquichuelos se habrían encontrado fuera de las aguas ecuatorianas cuando fueron hundidos.
Y nadie, al menos en las altas esferas, se conduele o busca reparación por semejante infamia, sino que se escudan en seudoargumentos con los que tratan de explicar no inexplicable. En la administración del Presidente Otto Arosemena Gómez, una declaración y una actitud abusivas del embajador estadounidense en Quito, tuvo como respuesta la solicitud oficial del gobierno de Ecuador para que se proceda a su retiro, lo que se ejecutó de inmediato y nada ocurrió, excepto que se mantuvo la dignidad de un país y de su gente.
Pero ahora, la desvergüenza campea. Y en otro orden de cosas, el diario Hoy publicó recientemente las varias decenas de denuncias de casos de nepotismo y abuso en el manejo de la cosa pública, pero sus fundamentadas investigaciones que aparecen en la sección "Blanco y Negro" que cada semana colman la paciencia de todos los ecuatorianos, se quedan solo en el papel y, nada ocurre.
Aquella frase latina de que "corruptio optimi pessima", es decir, "la corrupción de los mejores es la peor", se aplica como anillo al dedo en nuestro país. Incluso en nuestra institución, la actual administración ha encontrado situaciones graves en el manejo económico y financiero, ratificadas por la respectiva auditoria, pero la única respuesta han sido la injuria, el rumor destructor, la amenaza. ¿Es que remover la inmundicia y desterrarla de nuestras vidas es un delito? A dónde vamos a parar si se impone como norma de conducta la del "alguacil alguacilado". Hay que descubrir las incorrecciones, hay que identificar a los responsables y hay que proceder contra ellos con toda la fuerza de la ley.
No es posible que siga aplicándose el axioma de que "cada pueblo tiene los gobernantes que se merecen" o que, como consecuencia, "cada gremio tenga los dignatarios que le cuadran". Tenemos que parar esta irresponsabilidad en el manejo de los asuntos públicos, privados o institucionales.
Y, regresando al planteamiento inicial, ¿en qué momento los ecuatorianos comenzamos a equivocarnos en escoger a nuestros dirigentes? ¿cuándo se dio la primera equivocación que nos llevó a la actual situación? ¿cuándo perdimos el rumbo?
Hay quienes piensan que todo comenzó luego de que la última dictadura militar inhabilitó civilmente a los ecuatorianos, los despojó de su capacidad de decidir democráticamente su destino. Luego vinieron los sucesivos gobiernos -uno peor que otro- hasta concluir en la actual situación de caos y descalabro que abarca ya los dos últimos lustros.
Y los periodistas tenemos un rol. Debemos dejar de ser los espectadores pasivos del abuso y la corrupción, a los que tenemos que cuestionar en forma activa y combativa. Como estamos en contacto con el poder sabemos como lo manejan quienes lo ejercen, pero no siempre podemos sacar a luz aquello de lo que nos enteramos porque no somos propietarios de las tribunas mediáticas. Pero ahora, con las nuevas tecnologías, tenemos herramientas para hacerlo. En la guerra de invasión en Irak algunos periodistas daban la versión oficial del conquistador en el medio en el trabajaban, pero luego, en el hotel, abrían su computadora personal y alimentaban su weblog o bitácora con la auténtica verdad de la guerra, que no siempre la divulgaban los medios tradicionales, relatando al mundo el acontecimiento, en su cruda realidad.
El efecto multiplicador del Internet es enorme. Si los periodistas comenzamos a decir nuestras verdades a través de ese medio, de una forma u otra se descubrirán la corrupción y a los corruptos y en lugar de ser simples observadores, pasaremos a ser denunciadores porque, de lo contrario, continuaremos siendo encubridores y eso, también es un delito.

¿Qué nos esta pasando a los ecuatorianos?

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