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Jorge Aguirre Charvet

La corrupción, la empresa periodística y los periodistas

La corrupción, la empresa periodística y los periodistas

La corrupción, desgraciadamente, es un mal que afecta, sino a todas, a la mayoría de las instituciones ecuatorianas y del mundo entero. Ni la Iglesia ni las Fuerzas Armadas y la Policía son la excepción, no se diga el sistema financiero, la institucionalidad publica y privada por igual, la actividad educacional en sus distintos niveles, los jueces, los organismos de control. En pocas palabras y utilizando el que es ya un lugar común, toda la estructura está afectada por este cáncer pútrido que se extiende y prolifera afectando a las nuevas generaciones y, desgraciadamente, a aquellas instituciones cuyo fin primordial es la del servicio a la comunidad.

Alguien dijo que en donde se ponga el dedo, producirá una erupción del pus de la corrupción y la actividad de los medios de comunicación no es la excepción. Porque corrupción es falsear la verdad o informar parcialmente, sin dar la oportunidad a que todos los actores de un acontecimiento digan su verdad. Corrompemos la actividad cuando la utilizamos para obtener poder o encubrirlo, cuando informamos sesgadamente o en forma incompleta porque hacer lo contrario podría afectar nuestros intereses o los del grupo económico al que representamos.

Se puede decir entonces -sin temor a equivocarse- que la sociedad en su conjunto esta corrompida o muy cerca de estarlo en su totalidad. Prácticamente no pasa un día en que algún escándalo surja y fresca está aún en la conciencia ciudadana, el desparpajo y caradura que imperó en la administración del gobierno de la Sociedad Patriotita, que se caracterizó por hacer del nepotismo y el compadrazgo sus líneas de conducta, de la inmoralidad su doctrina y de la desvergüenza en la actuación pública su norma y estilo de hacer gobierno.

Y todas las facciones políticas, sin excepción, incurrieron por igual, en los últimos dos años, en su implicación de una forma u otra, en aquellos procedimientos oficiales que poco a poco se fueron revelando como incorrectos y perjudiciales para los intereses de toda la comunidad. También la actividad mediática se vio afectada por esa plaga, ya que con mínimas excepciones, poco o nada se dijo de lo que estaba ocurriendo o, por el contrario, se lo dijo con gran escándalo pero rápidamente se lo olvidó y quedó sepultado por el cúmulo diario de nuevos aconteceres, incurriendo entonces en la gran corrupción que significa sacar algo a flote por el simple hecho de escandalizar o lograr índices de sintonía o incrementar la circulación, olvidándolo de inmediato sin hacer el necesario seguimiento e investigación, hasta llegar a las ultimas consecuencias.

Los medios ecuatorianos, también con contadas excepciones, aún no descubren que la investigación es el mejor recurso con que cuentan para cumplir con aquel que es su único fin y cometido: decir la verdad. Todo acontecimiento noticioso requiere la más profunda pesquisa e, insisto, en el proceso, dar la oportunidad a todos los actores a decir su verdad. Porque corrupción, no se debe olvidar nunca, es solamente mostrar el un lado de la moneda, sin dar oportunidad a la contraparte también a pronunciarse. Y en la tarea que desarrollan los medios, como fue el rol que les tocó jugar en los recientes acontecimientos en Ecuador, es preciso realizar una clara diferenciación: la empresa es una parte y la preponderante en la tarea de informar. La más pequeña corresponde a los periodistas. Si la empresa no quiere informar sobre algo o sobre alguien, poco o nada pueden hacer los periodistas para sacar a relucir la verdad, que muchos la conocen en toda su extensión, pero que se ven impedidos de hacerlo.

La empresa, la propietaria del capital que hace posible que existe un medio de comunicación, en poquísimas ocasiones pone en juego sus intereses. Solamente cuando aprecia que todo está perdido para un hombre o una institución, la emprende contra el inmoral o enfrenta al statu-quo. En realidad, mucho está en juego. Larga es la lista de los medios que en el pasado, por combatir a un gobierno, vieron secarse sus ingresos provenientes de la publicidad oficial y afrontaron grandes dificultades para comprar papel, tintas u otros insumos. Entonces, si el negocio puede dificultarse, ¿por qué crearse problemas con los que ostentan el poder? Lo mejor, entonces, es informar superficialmente sobre las cosas que ocurren y los delitos que se dan, no indagar suficientemente para que no se vean descubiertas las cabezas principales y empujar todos la carreta de una estructura caduca y corrupta, porque algo “caerá”.

Pero, reitero, es la empresa periodística la que opta por esta opción desde todo punto de vista, inmoral y contraria a los fines de la actividad de informar. Los periodistas, que son los asalariados de esa empresa, no tienen otra que hacer que allanarse. Si no les gusta, las puertas de la empresa están abiertas para marcharse, si es que se les da esa oportunidad de escoger su destino, ya que en la mayor parte de ocasiones se los hecha sin fórmula de juicio. Si alguien reclama, la empresa sabe cuales son los artilugios más convenientes para demostrar que el periodista tuvo toda la libertad posible para informar y que si se fue, tal cosa ocurrió porque fue su decisión o, en muchas ocasiones, se le adjudica un procedimiento incorrecto o se hace correr un “rumor” en su contra que pone en duda su honorabilidad. La empresa se las sabe todas o es que acaso, va a poner en riesgo su negocio por entelequias como la verdad, la libertad de expresión, la libre comunidad y el flujo de las ideas. Esos son sofismas que no reditúan y en la sociedad actual, globalizada y monetizada, lo que importa es el balance, pero el balance contable, es decir, que la cuenta de ingresos supere a la de egresos.

Pero no todo es tan triste y oscuro. La técnica moderna ha puesto en manos de los comunicadores instrumentos que están a la disposición de todos, para decir la verdad. Son los diarios virtuales, los que las nuevas tecnologías permiten construir y que la Internet, la gran red mundial de datos, facilita su alimentación permanentemente.

Ahora quien dice que no puede decir su verdad, o no quiere hacerlo o desconoce que la técnica moderna le proporciona los instrumentos para lograrlo.

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